AZUL, BUENOS AIRES: A TODAS LUCES (13 AGO 1994)


Maria Rita Baldini, Guillermina Arpaia, Noemi C. de Garciarena y Bettiana Lorena Garciarena.
El sabado 13 de agosto de 1994 un grupo de personas que regresaban en dos automoviles a la ciudad de Azul (Pcia. de Buenos Aires), despues de pasar un dia de campo, obser­van desde la ruta provincial 51 y a unos 16 km de aquella, un conjunto de luces titilantes de coloracion roja, amarilla, Azul01anaranjada y verde, situado a un centenar de metros de los testigos, al este, casi a ras del suelo, en los campos de la familia De Uriarte

Al momento, detienen los vehiculos, ubicandose uno de ellos frente a las luces, para iluminar la escena. Ven unas siluetas antropomorfas y, sin dudar de que la extraña vision perteneciera a un ovni, algunos de ellos deciden aproximarse a pie. Al llegar hasta la alambrada perimetral, notan que las mismas comienzan a acercarseles. Con gran temor, vuelven a sus vehiculos y se alejan presurosos del lugar.

LOS TESTIMONIOS

El episodio trascendio publicamente cuando el padre de una jovencita, compañera de escuela de la hija de una de las testigos (tambien presente, al igual que otras dos compa­ñeras del curso), comento la novedad al canal 2 de TV de Azul. A partir de alli, algunos ovnilogos intervinieron en el asunto y le dieron mayor difusion al caso (l).

La espectacularidad de los relatos, la cantidad y la seriedad de testigos -quienes se habian mostrado renuentes a toda publicidad-, justificaron rapidamente nuestra investigacion.

-El testimonio de Julio Gourreges: El conductor del primero de los automoviles no habia ofrecido, hasta entonces, su version de los hechos. La ocasion resulta propicia para abrir el dialogo señalando que dos dias despues del avistamiento se encuentra circunstancialmente con Hector De Uriarte (dueño del campo), y le pregunta sobre lo sucedido en sus tierras. Sin titubeos De Uriarte le responde que “habian sido los chicos que estaban en el campo”, en referencia a un sobrino, hijo de su hermana que tambien es dueña del campo, y unos amigos. Esto le permitio -segun manifiesta- rectificar sus iniciales puntos de vista.

Viajante de comercio, con 48 años al momento del suceso, Julio Courreges se muestra como una persona muy ansiosa, temerosa, esquiva a los me­dios de comunicacion. Insinua su deseo de no tener problemas con la vecindad. Creyente e interesado en los ovnis, remite su relato a un episodio que le sucedio hace unos diez años atras.

Ese anochecer del 13 de agosto Courreges venia del campo de su propiedad conduciendo un automovil Fiat 128, junto a su hermano Cacho, su esposa Angelina, y su hija Graciela, de 24 años. En otro automovil iba la Sra. Noemi C. de Garciarena, acompañada de su hija y amigas de esta. Regresaban por la ruta 51, cuando a unos 16 km de Azul, del lado iz­quierdo observan en los campos, donde se localiza una cava, u hoyo, algo que “parecia u­na calesita” de luces amarillas, rojas, prendiendo y apagandose, a unos. 90-120 metros de la ruta. No observo que giraran. “Era como un ovalo, achatado”. Metros mas adelante, cerca de una tranquera, detiene el automovil.

Tambien lo hara Garciarena, quien venia a corta distancia.

“Se veia como neblina, aunque podria haber sido humo de un fuego, o humedad”, expresa. El testigo coincide con su hija Graciela que no fue posible escuchar voz alguna. Al mo­mento en que los faros del otro vehiculo enfocan hacia la extraña vision, tampoco alcanzan a visualizar nitidamente algun detalle. Su hija interviene para indicar que lo unico que podia verse eran esas luces, que resultaban “llamativas”, pero no especialmente in­tensas.

Ambos comentan haber visto entonces varios individuos de mediana talla, que por la distancia “tenian el aspecto de bultos” moviendose en torno a las luces. Estas figuras “se movian como personas normales”. Al bajar de los autos y acercarse a la tranquera a­lli existente, la sorpresa e inquietud inicial dan paso al temor. “Estabamos a unos 40 m -dice Julio Courreges- cuando se acercan a nosotros”. Frente a lo que podria ocurrir hu­yen en veloz carrera.

Sin embargo, los Courreges dejan a los Garciarena y deciden llamar a la policia desde una estancia vecina. Segun nos informa padre e hija, minutos Azul17mas tarde una comision policial se hizo presente y juntos se dirigen al lugar. Tras inspeccionarlo, no observan na­da fuera de lo comun. Nada de aquel extraño espectaculo


Dibujo del objeto segun Julio Courreges

Es pertinente indicar que el testigo estuvo acompañado en la entrevista por sus hijas, Graciela y Julia. La primera tambien testigo del hecho junto a su padre. La actitud general fue en todo momento amable, aunque recelosa, mostrando cuidado en sus manifestacio­nes tanto graficas como verbales.

Azul07 A lo expuesto se debe añadir que Julia estuvo esa tarde en el campo de su padre, pero ella regreso en compañia de su novio media hora antes. En esas circunstancias, tambien habrian observado el mismo fenomeno, restandole importancia y sin detenerse siquiera, pensando que se trataba de balizas.

-El testimonio de Noemi C. de Garciarena: La testigo se muestra bien dispuesta a comuni­car su experiencia. Ansiosa, colaboradora, de una proverbial capacidad de asombro, Noemi nos ofrece su version, haciendolo junto a quienes le acompañaban aquella tarde en el au­to, su hija Bettiana y sus dos amigas.

De acuerdo al relato, ese sabado las familias Courreges y Garciarena, y unas amigas de su hija, habian pasado una tarde en el campo de los Courreges situado en las proximida­des de Azul. A su regreso, despues de las 19,00 horas, el automovil conducido por Julio Courreges circulaba por la ruta provincial 51. A corta distancia iba Noemi C. de Garciarena, de 39 años, conduciendo su propio automovil -un Peugeot 505- en compañia de su hi­ja Azul15Bettiana, y las amigas de esta, Guillermina Arpaia, y Maria Rita Baldini, todas ellas de 13 años de edad y compañeras de estudios.


Dibujo de Noemi C. de Garciarena

Al llegar a unos 10 km de la rotonda de acceso a Azul, a la altura de los campos de la familia De Uriarte, Noemi ve que el auto de los Courreges se detiene en la banquina. Piensa que algo le habria ocurrido al vehiculo y, tras la maniobra, hace lo mismo al tiempo que observa hacia su izquierda, a unos 100 metros, un conjunto indeterminado de luces intensas, de coloracion predominantemente roja y amarilla, notandose tambien tin­tes Azul18anaranjados y verdes. Destellaban con cierta intermitencia, a ritmos precisos, pren­diendose y apagandose.


Para Guillermina Arpaia el objeto tenia esta forma

Los testigos no pueden estimar el tamaño o longitud de las mismas, pero señalan que e­ra grande. Este habia sido el motivo por el cual se detuvo el primer automovil. Ambos contingentes intercambian algunas palabras de asombro y, a sugerencia de Julio Courreges, Noemi cruza su vehiculo en la ruta con los faros en direccion hacia las luces que llama­ban su atencion, no sin antes ubicar a las chicas en el automovil de los Courreges, que­dando las mismas en compañia de la esposa de este.

“Veiamos como un humo que iba por debajo de todas esas luces, que formaban como una circunferencia que no estaba sobre el piso, y habia personitas; yo las vi muy altas, tipo fideos, y caminaban entre las luces”, agrega Noemi.

De inmediato se dirige junto con Julio, el hermano, y Graciela, hacia la orilla de la alambrada, notando entonces que las ignotas individuos se venian hacia ellos, con movimientos normales, pero rapidos.

Su hija Bettiana hace escuchar su clamor: “¡Mama, no vayas, tenes familia!”. Pero el pavor pudo mas, y ante la situacion que sintieron amenazante, en un instante regresaron a los automoviles y huyeron despavoridos.

Cuando estuvieron a considerable distancia, dejando atras a los Courreges, Noemi detiene nuevamente el auto para observar, pudiendo advertir en apenas una fraccion de segundo como “una luz anaranjada se desprendio del Azul14suelo” hacia el cenit, tan fugazmente que no le dio tiempo para avisar a las demas


El dibujo de Maria Rita Baldini muestra la traqura y el objeto detras de ella.

En cuanto a los testimonios de las jovencitas, se observan algunas diferencias de matices, pero que cobran unidad en su conjunto.

Bettiana Garciarena es vivaz, madura para su edad. Ella nos dice: “Las luces eran potentes, grandes, iluminando el campo. Sus colores eran variados y tenian aspecto cuadrangular. Habia un humo liviano, envolvente, que parecia provenir de abajo. Las perso­nas caminaban entre el humo y por delante de las luces, sin prestarnos atencion. Eran altas, pero de aspecto y movimientos normales, aunque lentos cuando se hallaban en torno a las Azul08bluces”. Lo que mas le llamo la atencion -coincidiendo con su madre- fue el humo, y las personas caminando y despues “cuando corrieron” hacia ellos.

Guillermina Arpaia se muestra inquieta, pero atenta durante el largo transcurrir de la entrevista. “Estaba asustada y temblorosa mientras veia la escena desde el interior del automovil. La unica vez que los vi (a las personas, como acuerdan en llamarles), fue cuando venian caminando hacia nosotros. Parecian estar vestidas con ropas muy ajustadas”.

Maria Rita Baldini es prudente, retraida, pero cuando interviene lo hace de manera precisa. Respecto a las luces comenta que “se prendian y apagaban en seguidilla, parecia que el platillo daba vueltas, pero no: eran las luces que se prendian y apagaban”. Agrega que estas no tenian forma definida, y que el humo salia del suelo, hacia un costado de las luces.

EN EL LUGAR

Al sitio del avistamiento se accede tras recorrer 16 km desde Azul, por la ruta provincial 51. Se trata de una zona rural. Al este, en campos de la familia De Uriarte es donde habrian sido vistas las luces, junto con las personas. Al mismo se ingresa desde la ruta por una tranquera. No se observan caminos, sino, unas desdibujadas huellas en el llano de las tierras.

En esa direccion, a mas de 2.000 m y paralelo a la ruta, corren las vias del Ferrocarril Gral. Roca, y unos postes para los tendidos electrico y telegrafico. En la distancia, tambien se advierten unos montes de eucalipto que revelan algunas edificaciones; ­ cascos de estancias, y un horizonte que destaca el holgado cielo[1].

Azul09El campo, delimitado por un vallado de alambre, linda al norte con otros campos vecinales, y al sur, a unos 400 m de la tranquera, con un camino de tierra que permite el acceso a los distintos cuadros. este no es perpendicular a la ruta, sino que va estrechando -por asi decir- el campo de los De Uriarte.

A unos 80 m de la alambrada que da hacia la ruta, y a un centenar de metros de la ubicacion de los testigos, se encuentra dentro del campo una cava, u hoyo, producido por la extraccion de un volumen de tierra hasta la capa de tosca. Se extiende de norte a sur unos 200 m, y de oeste a este unos 20 metros en su anchura mayor. Su profundidad alcanza 1,70 m, o mas, por lo que se ha formado un charco o lagunajo cuyas dimensiones varian segun el agua de lluvia caida. Una huella de apeador la circunda, y pueden alli notar se -entre otras- desecho de latas y algun fogarin extinguido.

Precisamente, de acuerdo a los relatos, esta seria el area donde se manifesto la inusual presencia.

No obstante, antes de inspeccionar el terreno, requerimos la debida autorizacion. Al efecto, en el cortijo fuimos atendidos por Alejandro Tato Castiglione, encarga­do de la finca. Hombre abierto al dialogo, guardian, y esceptico de estos fenomenos, lo primero que expresa tras exponerle los motivos de nuestra visita, es que “se trato de un error: si hay luces en el campo, es porque estamos trabajando”.

Sostuvo que lo visto se debio a que, en esa jornada, los hijos de la hermana de Hec­tor De Uriarte (tambien dueña del campo, con residencia en Buenos Aires), y otros jovenes amigos habian estado justamente alli, lugar donde se desenvolvieron los acontecimientos. Segun afirma, la observacion del presunto ovni se habria originado por las luces de los vehiculos utilizados por los jovenes.

Azul11Dias mas tarde hablamos con Hector De Uriarte, ausente en ese momento. El dueño del campo tuvo inicialmente una actitud de extrema reserva y recelo. Esto se debio a dos motivos: el no haber sido informado y consultado aquel mismisimo dia acerca de lo ocu­rrido en el campo de su propiedad (lo cual, ademas, hubiera podido esclarecer aparentemente el episodio de los supuestos ETs), y por la desconfianza que habria suscitado cuando, de buena fe, ofrecio una explicacion a quienes lo habian entrevistado con anterioridad.

Sin ahondar en detalles, De Uriarte nos manifesto que las luces observadas provenian, en definitiva, de varios vehiculos (guiñas y balizas) pertenecientes a uno de sus sobrinos y amigos de este, quienes habian estado -segun le confio- en el lugar donde se produjo la observacion. En apariencias, el avistamiento viene a coincidir con el momento en que los jovenes, caida la tarde, regresaban del campo hacia la finca.

CONSIDERACIONES FINALES

El caso tratado nos muestra el efecto de un estimulo ambiguo, como lo es una secuen­cia o conjunto de luces pulsantes, humo y algunas personas en torno a ellas.

A ese respecto, debemos recordar que momentos antes de la observacion del ovni de los Courreges y Garciarena, la hija mayor del primero, Julia, transito por la ruta en compañia de su novio y avisto el mismo fenomeno, pero no le dio importancia, pues con­sidero que se trataba de balizas.

Esta actitud de lisa indiferencia contrasta con el impacto emocional de los ocho testigos, entre adultos y puberes. ¿Que es lo que desencadena esta reaccion?: La indubita­ble creencia que se trata de extraterrestres. Sin embargo, convendra examinarla detenidamente.

Azul12Como lo indican las escenas, Julio Courreges, conductor del primer vehiculo advierte el fenomeno, parece tener la seguridad de que se trata de un legitimo ovni, y frena casi repentinamente, provocando la detencion del automovil que venia mas atras. Se crea entonces una atmosfera de incertidumbre, seguida por temor, pero donde todos desean ver al ovni.

¿Que hubiera ocurrido si Julio Courreges, al modo en que lo hizo su hija Julia, le restara importancia? Lejos de cualquier simplificacion, sospechamos que su jerarquia de adulto y, de alguna manera, lider del grupo, le dan cierta autoridad para constru­ir o dar sentido a una realidad que los avasalla por su caracter difuso y que despierta expectacion. El ovni viene a resolver el interrogante. El monto de ansiedades puesto de manifiesto no da lugar a reflexiones. Ellos asisten a una conmovedora experiencia, sin dudar de lo que asevera Julio, para quien esa experiencia resulta propiciadora, pues viene a confirmar sus creencias en los ovnis (como naves) y ratifica su vision de uno de esos portentos ocurrida años atras. A su vez, reanima las noticias producidas en esas fechas y, especialmente, la publicada el dia anterior en la prensa de Azul.

Azul13 Con ello no queremos desmerecer tampoco a los demas testigos, quienes realmente han visto algo y lo describen con absoluta honestidad, aunque -estimamos- teñido por lo subjetivo. Efectivamente, todos han visto algo que solo alcanzan a explicar como esa primera impresion recibida: un ovni, un plato volador. Al formularles el porque, se avienen a responder en conjunto: “por los colores, por lo extraño, y porque asi lo muestran las fotografias. Despues de todo, es un ovni, aunque opinamos que son naves”.

A pesar de que los testigos no estan ajenos al modelo que les provee la cultura acerca de que es un ovni, y de la importancia decisiva que la psicologia le reconoce a las experiencias por su cooperacion en la transferencia de aprendizaje, para la “Psicolo­gia de la Gestalt” esa experiencia pasada no es el factor principal responsable de la apariencia de los objetos. Para Wertheimer, la psique -por su necesidad de regularidad y ordenamiento- tiende a configurar el campo visual. En otras palabras, los procesos responsables de la formacion de objetos visuales tienden a formar figuras cerradas (cierre), a su agrupamiento cuando la distancia entre ellos es menor (proximidad), y a organizarse de manera simple, simetrica y uniforme (buena forma). Estas leyes de la percepcion se aplican claramente frente a la descripcion y dibujos de los testigos, en particular, el realizado por Julio y Graciela Courreges: a un todo segregado de luces sobre un fondo homogeneo, se configura una forma Azul16total, cerrada y circular. Es decir que, a partir de un todo disperso, se los ha organizado y adjudicandole una forma, la cual -ademas- contiene un significado comun, que es precisamente el de un plato.


La vision de Bettiana Lorena Garciarena

Asi expuesto, la explicacion -ora hipotesis- ofrecida por las personas del campo donde se desarrollo el avistamiento resulta aceptable. Desde ya, porque conocen sus tie­rras y -lo que parece mas saliente- a los supuestos ETs, y por otra, porque es mas consistente que pensar en una nave por los coloridos destellos. O por el humo, o por las siluetas de las cuales huyen despavoridos. En nuestra opinion, parece probable que se haya tratado de los vehiculos que alude el dueño del campo, ubicados proximos al Azul19lagunajo, o quizas en el camino transversal a la ruta, con sus luces titilantes.­


Noemi cruza su vehiculo en la ruta con los faros en direccion hacia las luces que llama­ban su atencion

(1) La Zona, Olivos, BA, 18 noviembre 1994; La Razon, Buenos Aires, 5 diciembre 1994, ps. 14/15.
[1] A proposito, el Sol se habia puesto pasadas las 18,15 horas, y la Luna a las 19,15 se hallaba en su sexta fase (creciente, 46% iluminada), en direccion noroeste y cercana al cenit (azimut 322.65’ y altitud, o elevacion sobre el horizonte 68.45’, aproximadamente): ­ Las condiciones meteorologicas previstas indicaron para ese dia: nubosidad variable, tiempo inestable, leve descenso de la temperatura (al momento del avistamiento orillo los 14 grados C), con vientos leves moderados del sur.

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