EL VIRUS DE AZUL (1 PARTE)

Rogamos luego de leer este informe, te comuniques con la pagina, comentandonos tu parecer al respecto.Fuente: HUMUS Nu 18 Noviembre 1993

LOS VIRUS DE AZUL:

¿SOLO MERA COINCIDENCIA?

Siete años atras, la localidad bonaerense de Azul saltaba a la fama por una clandestina experiencia con un virus recombinante que violo toda norma de bioseguridad y cuyos posibles efectos no fueron estudiados. Hoy una enfermedad virosica de la cual se sabe poco o nada, ha afectado a por lo menos 300 habitantes de sea localidad. Aunque la eventual conexion entre ambos episodios nopueda descartarse a priori, parece que a las autoridades sanitarias no se le mueve un pelo.

1986, Conejillos de Indias
El virus fue introducido en la Argentina de manera clandestina, es decir sin notificar a autoridad alguna. El objetivo: llevar adelante los ensayos necesarios para la creacion de una nueva vacuna contra la rabia, a partir de la tecnica de ingenieria genetica.
Dicho virus, llamado “recombinante” fue creado en los laboratorios de la compañia francesa TRANSGENE S.A. , luego paso a manos del Instituto Wistar de Filadelfia, Estados Unidos, encargado de efectuar las pruebas de campo. Esta creacion, resultado de -resultado de la combinacion de una parte del virus de la viruela (vaccinia), hoy completamente erradicado de la faz de la Tierra, con un gen del virus de la rabia-, exigia pruebas harto rigurosas.
El experimento no se llevo a cabo en los Estados Unidos ni en Europa, sino en los campos del Centro Panamericano de Zoonosis (CEPANZO), en la localidad bonaerense de Azul, con el aval de la Organizacion Panamericana de la Salud (OPS). Se inyectaron 10 vacas con el virus recombinante y se las puso en contacto con otras 10 que no habian sido inyectadas. En teoria, el nuevo virus debia crear, en los vacunos, anticuerpos contra el virus de la rabia, y ademas poder transmitirse por simple contacto a otros animales.
Las consecuencias que puede acarrear un microorganismo que la naturaleza no creo, son siempre impredecibles. Los virus resisten la intemperie. Pueden alojarse en distintos animales-gallinas, perros, ratas, etc.- y sufrir mutaciones que los tornen peligrosos para el hombre, si es que lo eran antes.
En el experimento de Azul, no solo no se atendio al peligro de la propagacion del virus recombinante, – dado que las vacas estaban protegidas por un simple alambrado, y por ende en contacto con toda la fauna del lugar- sino que ademas se designaron cuatro personas encargadas de ordeñar las vacas, sin advertirles nada acerca del experimento, es decir, utilizandolas como conejillos de Indias. No fue todo: la leche obtenida era dada a los familiares de los peones y el sobrante se comercializaba entre los pobladores de Azul.

LOS PUNTOS OSCUROS
Ese mismo año el investigador argentino Mauricio Seigelchifer estaba becado en el Instituto Wistar. Alli se entero de lo que se estaba haciendo en Azul, y destapo la olla. En poco tiempo la prensa internacional tomo contacto con las pruebas en el CEPANZO, hasta llegar a la primera plana del New York Times. Por supuesto Seigelchifer fue despedido del Wistar en Estados Unidos, mientras en Buenos Aires el Ministerio de Salud de la provincia nombraba la primera Comision investigadora que seguiria el caso, y cuyo informe fue lapidario: “El experimento se esta realizando en condiciones de seguridad inaceptables para todos los participantes y de riesgo de diseminacion de un virus recombinante desconocido en la naturaleza”, decia, y recomendaba medidas urgentes.
Dos años despues, el experimento de Azul moria en el olvido. Con el paso del tiempo se cometieron errores inexplicables. Se descongelaron los sueros de las vacas en los que se debia buscar los anticuerpos contra la rabia. Descuidadamente se mezclaron los rotulos de las muestras. Ademas, casualmente, algunos de los argentinos que debian esclarecer el caso, pasaron a ocupar importantes cargos en los organismos involucrados en el experimento de Azul. Como broche, en 1990 en gestion de Matilde Menendez, toda la documentacion sobre el caso desaparecio misteriosamente de la caja fuerte del Ministerio de Salud y Accion Social de la Nacion.
Las vacas utilizadas en la experiencia fueron sacrificadas y enterradas bajo 1600 kilos de cal viva. Pero, ¿que fue del virus? ¿Que fue de los animales que estuvieron en contacto con este ganado? ¿Que se hizo de los terneros que estas vacas lecheras tenian al pie? ¿ Que de sus excrementos?. Por ultimo: ¿ en que estado quedaron los ordeñadores que contrajeron el virus, y sus familias que durante meses consumieron la leche de esas vacas?.

AZUL, HOY (1993)
En las ultimas semanas, mas de 100 personas fueron afectadas por una “enfermedad virosica de origen desconocido”, en la zona de Chillar, en Azul.
Segun los primeros informes medicos, la enfermedad se trasmite rapidamente de persona a persona. Los afectados manifiestan inflamacion de los ganglios, enrojecimiento de la boca, y unas pequeñas manchas en el abdomen que no pican ni arden. ” La evolucion de los pacientes es optima, y ningun caso es de gravedad.”, aclara el informe. Pese a no saber de que se trata, las autoridades minimizan posibles riesgos. Parece, por lo menos, aventurado.
Frente a estos sintomas, y al temor de que se tratase de meningitis, el Ministerio de Salud de la provincia envio dos especialistas: tomaron muestras y confirmaron que no se trataba de esa enfermedad sino de algo desconocido y “altamente contagioso”, tanto asi que los dos profesionales se contagiaron solo 12 horas despues de haber evaluado los primeros pacientes.
Del virus que provoca la misteriosa afeccion nada se sabe. Habria que investigarlo. Segun el Dr. Moises Spitz , Director del Instituto de Microbiologia Carlos Malbran, (donde las muestras analizadas solo se utilizaron solo para descartar la meningitis), el pais cuenta con condiciones tecnologicas para llevar adelante los estudios. Segun otras fuentes, no es asi. Hay quienes sostienen que la eventualidad de una coneccion entre los experimentos del “86” y la actual enfermedad ahuyenta cualquier posibilidad que la investigacion se efectue en la Argentina. Por ahora las autoridades han encargado la preparacion de muestras para ser enviadas a analizar en Atlanta, Estados Unidos.
Por otra parte aunque el Dr. Saul Gleich, -Director Provincial de Medicina Sanitaria- descarto rotundamente cualquier vinculo entre los dos episodios, destacados especialistas relacionados con la cuestion prefieren ser mas prudentes, sin que falte quien abriga serias sospechas de que exista alguna coneccion. Seria interesante saberlo. Entre otras cosas porque de la enfermedad actual se conoce tan poco que ni siquiera puede aventurarse algo sobre eventuales efectos posteriores. Hay investigadores interesados en descubrir si este virus tiene algo de vaccinia. Y sostienen que intentaran averiguarlo por su cuenta.

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En 1986 se desarrolló en Azul, una investigación en la que estuvieron involucrados la Organización Panamericana de la Salud (OPS) a través del Centro Panamericano de Zoonosis de Argentina (CEPANZO) y el prestigioso Instituto Wistar de Filadelfia, el más antiguo en investigación biomédica de Estados Unidos.

El objetivo fue probar, en un ensayo a campo, la efectividad contra la rabia de una vacuna recombinante a virus activo genéticamente modificado, que se llamó vaccinia-rabia.

Vaccinia-rabia fue fabricado por los laboratorios Mérieux de Francia y por el instituto Wistar.1 Mediante técnicas de clonado y secuenciación de ADN, se identificaron los genes que codifican las proteínas estructurales del virus rábico y se logró insertar el gen que codificaba una glucoproteina viral en el virus vaccinia. Se decidió probar su efectividad inmunizante sin inactivarlo para aprovechar su potencial multiplicación en sujetos susceptibles. Tenía la ventaja de hacer factible su distribución en cebos que pudiesen ser consumidos por animales silvestres, y así inmunizarlos contra la rabia. Aun sabiendo que el virus variólico modificado era un agente exótico potencialmente peligroso, máxime cuando se estaba en los inicios de la investigación de transgénicos, se decidió probarlo a campo en Argentina sin pedir autorización al Servicio Nacional de Sanidad Animal de este país.

El diseño experimental utilizado en Azul fue sencillo. Se inoculó a veinte vacas lecheras con vaccinia-rabia y a otras tantas con vaccinia. En ambos casos existieron controles sin inmunizar. Sin ellos saberlo, un grupo de trabajadores rurales fueron parte del experimento. Cuatro cuidaban de las vacas inoculadas con vaccinia-rabia y al ordeñarlas se sometieron directamente al contagio por contacto con las pústulas de la viruela bovina. Otro grupo ordeñó las vacas infectadas con vaccinia, aparentemente con el objeto de que se pudiesen comparar la virulencia y la contagiosidad en el ser humano del virus vaccinia-rabia con el vaccinia. Estos resultados serían analizados con los obtenidos en las personas a cargo de las vacas no inoculadas. Si los animales desarrollaban anticuerpos contra la rabia, se las inocularía con una dosis letal del virus rábico para averiguar el grado de protección. Aunque se pensaba analizar las muestras de sangre de hombres y animales, vale aclarar que los responsables del estudio no realizaron ningún control médico de las personas involucradas.

Además de evaluar la eficacia de vaccinia-rabia para proteger al ganado contra la rabia bovina, el experimento permitiría medir la contagiosidad del nuevo virus al poner en contacto animales inoculados y no inoculados; comparar estos resultados con los obtenidos en el grupo de vacas inoculadas con vaccinia; investigar en el hombre el grado de virulencia y de contagiosidad de vaccinia-rabia en relación con vaccinia y observar, en general, su comportamiento en el ecosistema.

 

El escándalo

El experimento se llevó adelante en secreto. El virus modificado llegó a Argentina en maleta diplomática. No se avisó sobre el mismo al gobierno argentino, al Servicio de Sanidad Animal (SENASA) ni a ninguna repartición oficial. Aparentemente, tampoco la OPS había sido notificada. Su representante oficial en la Argentina dijo desconocer lo de Azul. Los peones ignoraban la índole del experimento en el que participaban y sus posibles peligros. Ningún Comité de Bioética argentino examinó el protocolo. No existió fórmula de consentimiento informado.

El experimento iba a durar de julio a diciembre de 1986 pero el secreto fue develado en septiembre cuando un investigador argentino que trabajaba en Wistar, enterado y preocupado por las consecuencias de lo que se estaba haciendo en su país, lo hizo público. Como consecuencia directa fue despedido de su trabajo.

El gobierno argentino inició la investigación. La comisión oficial que inspeccionó la zona, integrada por científicos y técnicos del CONICET (Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas) y de la Secretaría de Salud Pública, informó que las condiciones de descuido imperantes en el lugar eran alarmantes. Las experiencias se habían realizado en sitios abiertos donde ratas, perros, zorros, conejos y otros animales silvestres y domésticos tuvieron amplias oportunidades de contacto con las vacas infectadas y, por lo tanto, con el nuevo virus. Se había permitido que los peones consumieran la leche ordeñada y que vendiesen el excedente en la ciudad de Azul.

La Secretaría de Agricultura y Ganadería y el Ministerio de Salud y Acción Social argentinos suspendieron el experimento de inmediato y resolvieron brindar protección sanitaria a las personas involucradas. Cabe puntualizar que tres de los cuatro peones encargados de las vacas inoculadas con vaccinia-rabia desarrollaron anticuerpos contra la rabia como consecuencia de su contacto con los animales inoculados. Tres meses después de iniciado el experimento y tres antes de lo previsto en los protocolos, las vacas fueron sacrificadas previa toma de muestras de sangre y tejidos para análisis y estudio.

Ante el escándalo hecho público por la prensa nacional e internacional,2-4 las autoridades del CEPANZO adujeron la existencia de convenios generales entre la OPS y la Argentina que, en su opinión, servían de marco legal para la experiencia. Hilary Koprowski, responsable de la investigación por el instituto Wistar, afirmó que el experimento no había sido secreto, que no se habían entendido las motivaciones del mismo, que se había llevado a cabo en Argentina no para eludir las regulaciones existentes en Estados Unidos sino para ayudar a aquel país en donde la rabia bovina era un grave problema económico.

Wistar afirmó que se habían limitado a proveer la vacuna a la OPS para que llevara a cabo la experiencia insistiendo en que estudios previos habían probado que la vacuna era segura y efectiva. Sin embargo, dos años después Koprowski se refería a la vacunas vaccinia-rabia glicoproteína como “la más promisoria” pero admitía que todavía se ignoraban muchos aspectos de la patogénesis de los virus rábicos.6 De hecho, el primer ensayo a campo con vaccinia-rabia recién se realizó en octubre de 1987 en Bélgica, en una zona militar perfectamente delimitada de 6 km2, y consistió en dejar cebos con el nuevo virus para probar su efecto inmunizante por vía oral en animales silvestres 7y sólo se llevó adelante a gran escala en 1988.8 En Estados Unidos, la primera prueba a campo se efectuó, en condiciones limitadas, en agosto de 1990, después de 10 años de cuidadosos estudios de laboratorio.9 Aun en la actualidad, cuando la vacuna se usa ampliamente tanto en los Estados Unidos como en Europa para el control de la rabia silvestre, se señala que es posible que, accidentalmente, afecte a embarazadas y personas inmunodeprimidas.

Otro oscuro aspecto a destacar del episodio de Azul es la ventaja económica que significaba para Wistar llevar adelante la investigación en Argentina. Aunque desde 1980 había recibido del Ministerio de Salud de Estados Unidos 3 millones de dólares para investigar vacunas contra la rabia, Wistar invirtió poco dinero en Azul ya que se pensaba emplear, y de hecho así se hizo, las instalaciones y recursos del CEPANZO.11 Irónicamente, éste fue un argumento a su favor ya que el gobierno de Estados Unidos resolvió que Wistar no había quebrantado las normas vigentes respecto a biotecnología porque en el experimento de azul no se habían utilizado fondos federales.12 Wistar sacó provecho de que Argentina carecía de regulaciones respecto de la industria biotecnológica y que las normas legales de Estados Unidos al respecto 13 no eran aplicables en el país. Subsiste la pregunta ¿es ético que los investigadores eludan las regulaciones de Estados Unidos y realicen sus experiencias donde las regulaciones sean menos exigentes, “particularmente en países del Tercer Mundo”?

El Servicio de Sanidad Animal argentino afirmó que el perjuicio real que causaba la rabia bovina en Argentina no era tan importante y que en Estados Unidos también existía la rabia bovina, pero que en este país estaban prohibidas experiencias de este tipo por el riesgo potencial de contaminación en seres humanos y animales. El revuelo internacional fue considerable. Bernard Dixon señaló que durante la First International Conference on the Release of Genetically Engineered Microorganisms realizada en Cardiff en 1988, se insistió en la urgente necesidad de que existiera una regulación internacional eficiente ya que el “polémico episodio argentino” de Azul, era un claro ejemplo de las “extrañas consecuencias” de la falta de regulaciones o de la asimetría de la legislación entre países.

Como protesta, el SENASA suspendió el pago de una cuota anual de cuatrocientos mil dólares que hacía anualmente al CEPANZO, que concluyó sus actividades en 1991. Lamentablemente, las investigaciones oficiales emprendidas en momentos en que Argentina atravesaba graves conflictos económicos y sociales, no fueron concluidas y el caso se archivó sin que los responsables locales se arrepintieran públicamente ni fueran legalmente sancionados.