EL MAITEN, CHUBUT.: EL PRIMER ENCUENTRO (20 FEB 1949)


El antecedente mas remoto que se dispone, desde la era de Arnold, sobre el aterriza­je de un ovni y la presencia de sus ocupantes en el territorio argentino, es el ocurrido el domingo 20 de febrero de 1949 en El Maiten, un pequeño poblado muy cerca de la frontera de Rio Negro, en el rincon noroeste de la provincia de Chubut. Lugar de pai­saje arido para la region y montañoso, que debe su nombre indigena españolizado por tener un arbol sus ramas colgantes en ramillete.

La informacion fue reflotada al recuerdo por el matutino Clarin en 1970 (1), por da­tos que suministro a traves de una carta Eulogio Pereyra, dirigida a una emisora ra­dial de Buenos Aires (Radio Belgrano). En ella, expuso el descenso y aterrizaje de un ovni, que habria llegado a quemar el lugar del presunto asentamiento. Y tambien, el descenso de tres hombres de peculiar aspecto.

El locutor Carlos Iglesias fue el responsable de comunicar al pais el hecho historico que produjo, ante las acusaciones al grupo de jovenes periodistas, la necesidad de trasladarse al lugar para confirmar el singular episodio. Una noche y un dia en tren, mas doce horas en jeep, es lo que demoraron en llegar. La indagacion periodistica ratifico parcialmente los datos proporcionados por Pereyra mediante otro de los testigos, Antonio de la Iglesia, quien sostuvo que junto a un grupo de pobladores vieron desde la estacion ferroviaria (que unia para el transporte de cargas, Ingeniero Jaccobacci y Esquel, en una epoca de mayor prosperidad), como el ovni bajo a unos 500 metros lanzando luces en el mismo poblado, que por entonces tenia apenas un destacamento policial,­ un puesto de gendarmeria, un galpon del ferrocarril -junto al angosto anden-, y una casa a medio terminar. Mas alejadas, algunas chacras.

Frente a la publicacion del matutino, que rememoraba el hecho, nuestro colaborador Ri­cardo M. Dobelli solicito mas detalles (2), logrando en esa ocasion precisar la fecha exacta del episodio, y corregir la anterior que lo situaba en 1948. Tambien se indico que una posterior investigacion ha permitido establecer que Eulogio Pereyra no vivia en el lugar. Empero, dos o tres testigos parecen haber confirmado la existencia del supuesto aterrizaje, por versiones recogidas de gente que habitaba a unos 20 kilometros de la localidad. Fue imposible -concluye la nota- obtener mas detalles.

Llevados por el interes que motiva estas denuncias, nos trasladamos a fines de enero de 1978 -casi treinta años despues-, con el proposito de conocer los pormenores de a­quel encuentro. Arribar al poblado tampoco estuvo exento de dificultades, lejos aun de convertirse en un atractivo turistico por el tren trochita. Sin demasiadas esperanzas de encontrar a los testigos, y menos aun evidencias materiales de los hechos narrados, pudimos averiguar que tanto E. Pereyra como A. de la Iglesia, habian fallecido hacia varios años atras. No obstan­te, los familiares de este ultimo pudieron confirmamos el aterrizaje del ovni.

Continuando con la indagacion del viejo evento, localizamos a Edmundo C. Sanchez, tambien testigo del ovni y encargado de una estacion de servicio de combustible, que por aquella epoca era miembro de la Gendarmeria. Supo confirmarnos la observacion de ese extraño fenomeno que surco el cielo, de oeste a este, para tocar tierra en direc­cion hacia donde se halla emplazado el puesto policial, ante la expectativa de tres o cuatro testigos. Uno de ellos -recuerda-, venia siguiendo al ovni con su automovil.

Sanchez nos manifesto que estando de guardia, llego un viajante de comer­cio, sobreexcitado y aturdido, denunciando que se hallaba a las 4,45 horas en las proximidades del pueblo, circulando con su vehiculo, cuando repentinamente aparecio un objeto inusual del que surgieron tres figuras de apariencia humana, vestidas con una llamativa indumentaria y con destellos que les salian de un casco que llevaban en sus ca­bezas. Estos personajes estaban unidos al objeto a traves de unos cables o cordones, e instaron al viajante a detenerse.

La identidad del testigo quedo en el olvido, pero nos ha dejado algunas piezas de su testimonio, con viso de una desfigurada realidad y halo de leyenda.

REFERENCIAS

(1) Clarin, Buenos Aires, 13 marzo 1970, p. 52.

(2) Ibid., 29 marzo 1970.

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