CALEUFU, LA PAMPA: EN LA PLAZA DEL PUEBLO (20 JUL 1994)


“Delirio, alcoholismo”. He aqui el diagnostico presuntivo asentado en la planilla diaria de guardia del Establecimiento Asistencial Luis A. Petrelli, de Caleufu, Caleufu (1) Bernardino CabreraPcia. de La Pampa, adonde concurrio en la madrugada del 20 de julio de 1994 Bernardino C., un peon rural de 34 años de edad. De algun modo, este preliminar dictamen medico -luego moderado con la añadidura de un signo de interrogacion, y con las declaraciones publicas del facultativo-, inauguraba la difusion de un suceso ocurrido horas antes, cuando el susodicho habria sido introducido a una nave espacial, en cuyo interior le habrian extraido sangre y mantenido un corto dialogo “sin hablar” con extraños seres.

El relato periodistico:

Segun la version publicada un mes despues (cuando trascendio la noticia) en el diario La Arena, de Santa Rosa, el protagonista de esta historia se dirigia en la madrugada del miercoles 20 de julio desde su casa hasta el centro de Caleufu y cuando se disponia a cruzar los terrenos del ferrocarril, advirtio una potente luz, con algunos colores rojizos, que se le aproximaba desde arriba. Se trataba de una nave. De ella descendieron por lo menos dos seres gigantescos y luego de perder el conocimiento, lo habrian introducido al aparato, donde habia una especie de camilla en la que le extrajeron sangre.

Bernardino habria afirmado que le pidio a los seres que no lo mataran y estos, con gesto benevolo, le transmitieron que “solo habia sido elegido para extraerle sangre” y que no le harian ningun daño. El testigo parecio quedar complacido. Despues de todo, a despecho de los humanos, que unos extraterrestres lo hayan elegido para extraerle algunos litros de sangre, era motivo de satisfaccion. Los seres no hablaban, pero el comprendia lo que le decian. En el corto dialogo que mantuvo, con proverbial sabiduria, le manifestaron que si deseaba contar su experiencia podia hacerlo, aunque “algunos le creerian y otros lo tomarian por loco”.

Luego de la extraccion de sangre, y de acuerdo al relato de algunos familiares (un hermano y la cuñada) al programa televisivo Primer Plano, que emite canal 3 de Santa Rosa, el testigo fue depositado en plena plaza publica de la localidad de Caleufu, enfrente de la comisaria, desde donde se traslado al hospital local, siendo atendido por el medico de guardia, Juan Alberto Breppe. El facultativo expreso en la audicion televisiva que Bernardino C., al momento de ser revisado, no presentaba signos de ebriedad, ni pudo constatar anormalidad alguna.

El subcomisario Felipe Exner confirmo la version, señalando que “es un joven trabajador de condicion humilde, no tiene mucha cultura, pero no es una persona de mal vivir”. Sin embargo, agrego que en el pueblo la gente tomo el tema con escepticismo y que todos comentan, con suspicaz exclamacion: “¡Justo a el lo van a agarrar!”. Hasta la misma familia de Bernardino parece guardar ciertas sospechas respecto a la veracidad del caso.

No obstante lo dicho y su amplia divulgacion, el protagonista no pudo ser localizado por los medios periodisticos, pues se habria trasladado a General Pico, dejando entrever que “no quiere volver a la zona”, sin llegar a determinar si es por la experiencia vivida o por los comentarios generados en el lugar.

LA INVESTIGACION

Llegamos a Caleufu, Dpto. Rancul, al norte de la provincia de La Pampa, tras recorrer unos 600 kilometros, por carreteras cada vez menos transitadas. Se trata de un pueblo que se insinua al olvido, asomando como fantasmas los vestigios del ferrocarril, con su vieja estacion abandonada. Un descampado de pastos crecidos y una huella estrecha une ambos lados del pueblo. El unico hotel, de añosos ladrillos, se erige como recuerdo de tiempos mejores. Solo algunas calles conocen del asfalto, precisamente las mas centricas, en torno a la pulcra plaza San Martin. Sus polvorientas calles de tierra estan aquietadas por la fina lluvia que cae, y nos recibe. Escenario donde se habrian desarrollado los hechos.

En la entrada del pueblo se encuentra una despensa. Alli detenemos nuestra marcha. Preguntamos por el protagonista y, con miradas que se cruzan y algun esfuerzo, una mujer nos dice: “¡Ah, ya se quien es, el que se lo llevo el viento!”. Todos parecen asentir. “Es que permanece mucho tiempo en campos de la zona”, agrega. Por un momento, recordamos a W. Wentz con sus narraciones celticas acerca de la evocacion de los gnomos y el modo en que las hadas podian llevarse a las personas (Cfr. J. Vallee, p.123), pero el sentido de la expresion utilizada era mucho mas prosaico y vulgar.

Nos dirigimos entonces a la Comisaria de Caleufu. Alli nos atiende y conversamos con su actual comisario. El funcionario policial define al protagonista del caso como “un alcoholico, que convive con una enferma psiquiatrica (Estela S.)”. A veces, ella concurre a la comisaria denunciando ciertos intentos de abuso sexual, hostigada por su compañero bajo amenazas, pero cuando se hace presente la policia, suele hallarse dormido. Omitiendo otros pormenores, esto empieza a perfilar su conducta.

La policia no acredita en la historia. Los comentarios de un suboficial que intervino en el caso abonan la duda de que el ovni haya podido bajar en la plaza principal, porque “no hay donde pueda hacerlo -dice- y, ademas, habriamos notado la presencia del aparato”. En efecto, la plaza es muy cerrada debido a la vegetacion y un edificio municipal, y el lugar donde habria aparecido tras su presunta abduccion se halla, precisamente, ¡frente a la comisaria!

De alli vamos a la casa de Florencia, la madre del protagonista. Mujer paciente, de llana simpleza. Sosteniendo un cigarrillo entre sus ennegrecidos dedos, opina: “Yo no creo lo que le paso. Pero el dice que le ocurrio. Vaya a saber…”. Sin pruritos, aunque con la mirada cabizbaja, reconoce que el problema de Bernardino es que bebe mucho, aunque no cuando trabaja. Su hijo le conto que “los seres prometieron que al año volverian a buscarlo (es decir, en julio de 1995), pero que tambien lo traerian de vuelta”. Alli advierte que ya paso la fecha indicada (es abril de 1996), sin novedades. Ese dia es su cumpleaños. Tambien el de su hijo. Es feriado y Bernardino no esta en el pueblo. Ella seguira esperando durante toda la jornada.

De la reunion de amigos:

Siguiendo las indicaciones pueblerinas, fuimos a ver a Santiago Omar Moreira, dueño de la finca donde Bernardino alquilaba una habitacion y con quien esa noche, momentos antes de la presunta abduccion, habia estado reunido.

Verborragico y amable, Moreira opina sin rodeos: “¡este fue un papelon barbaro, son todas mentiras, es un embuste!”. Señalando una precaria construccion en medio de pastizales, ubicada a unos ochenta metros de su vivienda, comenta: “Estabamos juntos ahi. el anduvo tomando ahi, en la casita, cerca de donde habria sido levantado por el plato volador. Estaba mamado (ebrio). Siempre que se mama se pierde. Le hace mal, e inventa cualquier cosa. A las 11 u 11,30 de la noche se fue, y es cuando dice que lo habrian levantado aca, que (el plato) se habia asentado ahi en la calle, pero no hay nada. Donde va a bajar, si esta lleno de cables. ¡Un papelon! Aparte, si hubiera andado un plato volador se hubiera sentido”. El sitio donde dice haber sido raptado, se encuentra en la calle Moreno, casi esquina Bme. Mitre, frente a un extremo del galpon nº 2 del ferrocarril, cuyas vias corren paralelas a la citada arteria. “A esa hora -continua diciendo- anda mucha gente que va y viene, que esta levantada. Hubieran visto, pero nada vieron. Para mi, es una mentira que invento, y que se ha largado a contar. Para el fue eso, y se ha quedado con eso, nomas. Despues no habra querido dar marcha atras, porque quiza lo mandan adentro, y sigue. ¡Aca todos lo saben!”.

El vecino de Caleufu ofrece mas detalles: “Al otro dia, por la mañana, le digo que se levante, y me responde que no podia, por el brazo. ‘Me agarro un plato volador -dice-, me sacaron sangre’. Decia que le sacaron un bidon de sangre, ¡bidones nomas, como de treinta litros!, ¿tendra un tanque?, pense. Andaba con el brazo duro, pero no quiso mostrarme el pinchazo. A nadie de aqui se lo mostro. ¡Eran todas mentiras! Es que cuando toma se pierde. Inventa cualquier cosa, porque se olvida la cabeza”, insiste.

Apenas concluida nuestra charla con Moreira, vamos hacia la casilla donde habian estado reunidos. Alli vive Carlos Fabre, hombre educado y sereno, tambien presente en aquella reunion. Haciendo un alto en sus tareas, le pedimos que nos cuente lo ocurrido. Lo hace de esta manera:

“Bernardino estuvo aca esa noche. eramos solo tres muchachos los que estabamos en la pieza. el estaba tomado (alcoholizado) y de aca se fue con sueño. Nada paso, hasta que al dia siguiente conto que al irse y llegar hasta el poste de la calle (se trata de una columna de madera para cables electricos ubicada a unos 60 metros, enfrente de la finca de Moreira) le salio un plato volador, y que se detuvo. Despues el plato lo bajo, con punteria, alla en la plaza, je”. Sin disimular lo risible del relato, Fabre hace referencia a la Plaza San Martin, distante a 500 metros. “Decia que tenia un pinchazo, pero no se, porque el pinchazo no esta, no lo he visto. Segun el, dentro del plato una enfermera de blanco le metio unas agujas en el brazo para extraerle sangre, y le sacaron como veinte litros, ¡mas que a una vaca! Pero, para mi, el plato volador que vio se lo ha llevado de aca, je. ¡Es que estaba tomado…!. De cualquier forma -continua-, nosotros tendriamos que haberlo visto, porque estabamos en la piecita, con la puerta entreabierta, y de aca se tiene que ver. Pero yo no he visto nada. Bernardino es un tipo trabajador y todo, pero creeria que fue por el vino que se le subio a la cabeza”, concluye Fabre.

El desenfado visto en la narrativa de S.O. Moreira y C. Fabre, personas allegadas al protagonista de la historia y presentes junto a el en los momentos previos de su abduccion, nos muestra con crudeza sus impresiones. Insoslayables al tiempo de examinar las circunstancias en que se produce el fantastico evento.

Entrevista con el medico Juan A. Breppe:

El director del Hospital Luis A. Petrelli, de Caleufu, doctor J. A. Breppe, nos introduce en el tema comentando que habia llegado al pueblo con el proposito de radicarse exactamente un mes antes del episodio. No conocia a nadie. “El 20 de julio de 1994, siendo las 5,00 horas de la mañana -empieza a narrar-, se hace presente en el nosocomio el señor Bernardino Cabrera, de 34 años, manifestando haber sido llevado o secuestrado por un objeto volador. En esas circunstancias, afirma haber sido subitamente encandilado. Unos seres petisos de cabeza grande lo suben a una nave y, en su ingreso, advierte que se encuentra en una sala similar a un consultorio medico, o laboratorio quimico, donde le sacan sangre. ¡Litros de sangre, segun dice, como un bidon de veinte litros!”

El medico miro con escepticismo a su paciente, y le pregunto que andaba haciendo a esas horas, obteniendo como respuesta que “habia estado en una reunion de amigos comiendo un asado, y como era costumbre, dormia en la casa de su novia, o en la de un vecino de apellido Moreira -donde alquilaba una habitacion- aunque, a veces, se iba a dormir a Buenos Aires”. Esto le llamo mucho la atencion, despertando mayores sospechas, porque la ciudad capital se halla a mas de 600 kilometros de Caleufu.

Aun cuando se mostraba seguro y visiblemente aterrorizado, sus respuestas le hicieron pensar que se trataba de una persona que podia estar alcoholizada, o con algun tipo de delirio. Siguiendo con el interrogatorio, Bernardino sostuvo que la nave lo dejo en la plaza del pueblo. Al lograr bajar, mas o menos orientado, se dirigio hacia el hospital, solicitando una consulta medica por la desmesurada extraccion de sangre y al miedo que tenia de marearse.

“En ese momento, ante la revision general, corporal, -continua el doctor Breppe-, no encuentro signo alguno de pinchazos, pero el continuaba manifestando que le habian sacado esa sangre, del brazo izquierdo, con una gran aguja que no le dolia cuando entraba. Se encuentra con los signos vitales normales (presion, pulso, latidos y reflejos). No habia ningun tipo de alteracion. Le hago un diagnostico presuntivo de delirio o etilismo, y lo cito para ese mismo dia a las nueve de la mañana (unas tres horas despues) a fin de efectuar un control medico, al cual nunca concurrio”. Jamas volvio a saber de el, salvo haberlo visto deambular por el pueblo. Sin poder llegar a solicitar una interconsulta, o practicarle un estudio que arroje resultados mas precisos, cerro aquella presuncion diagnostica con la añadidura de un signo de interrogacion

“Despues, el personal de la institucion, y todos aqui -comenta el facultativo- me dijeron que se trataba de un paciente psiquiatrico. A pesar de que la version era bien sostenida y que consistia en mi primera experiencia (ufologica), pense que era un delirante”. Sin embargo, con posterioridad algo le llamo la atencion, haciendole surgir una duda: “Esto ocurrio 18-19 dias antes que se produjera la muy comentada estampida de animales en la zona (n: sobre la cual se tejieron variadas lucubraciones, algunas relacionadas con ovnis). Porque si no fuera asi -concluye el abnegado profesional-, creeria sin cavilaciones que se trata de una fabulacion”.

Otros datos medicos -que constan en su historia clinica-, complementan nuestra indagacion sobre el protagonista del extraño caso. Por ejemplo, en 1987 tuvo un intento de envenenamiento en estado de etilismo agudo, segun relato de sus familiares, por una ingesta de queroseno, pintura y champu. Meses mas tarde, ingresa al hospital despues de ingerir algunos centimetros cubicos de perfume, luego de una abundante ingesta de alcohol. Tras estar internado, se le concede el alta medica con indicacion de interconsulta con psiquiatria.

Caleufu (8) Cuando se disponia a cruzar los terrenos del ferrocarril, advirtio una potente luz Despues de haber reunido este conjunto de informes y opiniones, es claro advertir que son varios los aspectos de la vida de Bernardino C. que levantaron dudas sobre su estabilidad y ajuste social. No obstante, creimos conveniente verificarlo personalmente

Nuestro encuentro con Bernardino Cabrera:

Desafortunadamente, en el primer viaje a Caleufu no fue posible entrevistarnos con el testigo, ya que -al parecer- no se hallaba en esa localidad. Transcurrieron dos meses antes que pudieramos regresar y, por fin, encontrarlo. Era hora cercana al mediodia. Aun no habia almorzado, pero Bernardino ya estaba en pleno vermu.

Al exponerle el motivo de nuestra visita, nos sorprende diciendo que esta ocupado, y que para hablar con el, habia que llamarlo por telefono una semana antes para solicitarle una entrevista (!!), pasando a preguntar de inmediato por tres chicas, mujeres jovenes, de Santa Rosa -no da sus nombres- que habian quedado en ir a verlo (??). Con cierto aire de lucimiento, e intentando mantener el equilibrio, nuestro aspirante a gallardo testigo se apuesta contra una pared. Manifestando nuestro asombro por disponer de tal tecnologia, ya que actualmente vive en una precaria casilla, responde con algun titubeo que deberiamos telefonear a un familiar. De inmediato vuelve a preguntar: “Entonces, ¿ustedes no son…, de las chicas? Ellas quedaron en verme”, murmura por lo bajo.

Haciendose notar requerido y molesto, descarga sus tensiones con golpes monotonos contra un viejo vehiculo estacionado. Histrionico, tapa sus oidos con ambas manos -como no queriendo escuchar- cuando le preguntamos por el caso. Sin embargo, se muestra muy interesado y solicita ver los recortes de prensa donde se lo cita, hallando inocultable placer al advertir su nombre en los diarios.

Dice ponerse mal cuando cuenta lo ocurrido, aunque asegura tenerlo muy presente. A pesar de la resistencia inicial, no hace falta insistir demasiado para que acceda brindar un fragmentado, contradictorio y -por veces- confuso relato.

Parece poco probable que su contenido, descrito anteriormente en lineas generales, vaya a contribuir al esclarecimiento del episodio, aunque convenimos citar algunos puntos salientes de su nueva narrativa:

1) El caso no habria ocurrido el miercoles 20 de julio, sino -segun afirma- el lunes 18, negando asi lo expresado oportunamente ante la policia, el medico, y vecinos del pueblo.

2) No fue en la plaza publica de Caleufu donde habria sido dejado por los supuestos extraterrestres, sino, practicamente en el mismo lugar de la abduccion, a diferencia de lo que siempre hubo manifestado.

3) Segun Bernardino Cabrera, el medico de Caleufu no le practico examen alguno (“el medico ni me toco, y queria darme una pastilla para dormir”, dice), al contrario de lo que señala el facultativo en ocasion de ser consultado sobre el episodio.

4) Asegura que los seres, al extraerle sangre, le dejaron una marca claramente visible. Aunque siempre remiso a exhibirla, en esta oportunidad y sin requerirlo, el protagonista nos mostro una cicatriz de unos tres centimetros en el antebrazo izquierdo, que -ni remotamente parecida a la ocasionada por pinchazos- el atribuye a la citada extraccion de sangre (curiosamente, similar a otra que presenta cerca de la muñeca, sobre la que no da explicacion). Sin embargo, recuerdese que cuando fue inspeccionado por el medico J. A. Breppe horas despues del episodio, no tenia ninguna señal.

5) Afirma que tras producido el encuentro, y desde entonces, tiene problemas de tipo sexual. Sin animos de aventurar una explicacion, no seria ocioso mencionar que dichos trastornos son frecuentes en sujetos alcoholicos, llegando al punto de anular la sexualidad genital, iniciando una profunda regresion, en la que especialmente impulsos pregenitales pasan a primer plano.

Los datos obrantes y la observacion psicoclinica del testigo permiten advertir el peso de una estructura psicopatologica. Presenta una constitucion cicloide, tendencias agresivas o irritables, cierta debilidad yoica (incapaz de soportar la abstinencia, el dolor, la espera), y un caracter dominado por los instintos, cuyos deseos aparecen con frecuencia encubiertos en la fantasia. Posee rasgos esquizoides y depresivos. Es posible constatar una fijacion oral y caracteristicas narcisistas con fuerte intolerancia a las tensiones, y frustraciones de su entorno. Sus mecanismos usuales son la fuga y la evitacion, frente a la imposibilidad de enfrentar situaciones que lo lleven a resolver sus conflictos por una via mas madura.

Puede inferirse una predisposicion a reaccionar a los efectos del alcohol, intentando satisfacer su arcaico anhelo oral y la necesidad de seguridad y de conservar la autoestima.

Consideraciones finales

La investigacion nos ha llevado a indagar distintos aspectos de la personalidad de Bernardino Cabrera, la cual pone en evidencia que se trata de un sujeto con una patologia psiquiatrica de base, mostrando un severo trastorno de conducta, en el que la ingestion excesiva habitual de alcohol acompaña el cuadro de deterioro de su salud mental y ajuste social. Al respecto, no seria vano determinar si existe un compromiso organico del sistema nervioso y efectuar un diagnostico diferencial.

Desde luego, su padecimiento no alcanza a “explicar” por si mismo el hecho descrito, pero arroja inexorablemente un manto de sospecha sobre la probidad del testimonio ofrecido. Aun mas, si aceptamos que esa noche, momentos antes de ocurrir la abduccion -segun lo expuesto por sus dos amigos-, el testigo se habia retirado en estado de ebriedad. Como es sabido, los signos conductuales de la intoxicacion se deben al efecto depresor del alcohol sobre el sistema nervioso, que actua como un anestesico general, produciendo un desarreglo de las funciones normales del cerebro (v.g., una concentracion de alcohol en sangre del 0,40%, tiene como efecto percepciones erroneas, estuporosas o comatosas).

No se trata de sostener que un sujeto que haya bebido gran cantidad de alcohol -por razones sociales u otras-, en una ingestion episodica excesiva, alucina platos voladores (aunque posible de ocurrir). Aqui nos hallamos, en cambio, con un cuadro que revela el trasfondo de una personalidad sufriente, en donde se activa un conjunto de factores determinantes (socioculturales, familiares e individuales) que son, con frecuencia, los que impulsan aquellas visiones fabulosas.

Asi, pues, el recorrido critico de esta investigacion permite inferir que el episodio narrado no tiene ningun asidero con la realidad. No escapa a pensar, incluso, en una flagrante supercheria. Puede desprenderse con facilidad que Bernardino Cabrera no es, precisamente, lo que suele llamarse un testigo calificado, aunque -como dicen los creyentes- “no haya parametros conocidos en ninguno de los casos registrados en el mundo, respecto a la seleccion de testigos”. Pero, mas alla de su discutida calidad como testigo, el relato no ofrece la minima consistencia y, por el contrario, posee muchos puntos oscuros, absurdos y contradictorios.

Una de las razones -sino la unica- que pareciera respaldarlo o, al menos, hablar a su favor, es que el Dr. J. A. Breppe, procediendo al control medico rutinario no observo alteraciones significativas, como signos visibles de alcoholismo (aunque recuerdese que nuestro testigo se ausento cuando fue requerido para un nuevo examen). Sin embargo, debemos hacer notar que Bernardino se habria retirado de la reunion de amigos en presunto estado de ebriedad a eso de las 23-23,30 horas, apareciendo por la guardia hospitalaria recien a las 5,00 de la mañana. Vale decir que hubo un periodo de cinco o seis horas (en el que se desarrollo su historia) antes de hacerse presente en el nosocomio.

Quiza sea pertinente mencionar que la experiencia narrada se inscribe en el contexto subsiguiente a la estruendosa noticia, difundida por todos los medios periodisticos, sobre “un cientifico (el psiquiatra John Mack) que asegura que son ciertas las historias de quienes se dicen secuestrados por extraterrestres” (v.g. rev. Conozca Mas, Nº 69, julio 1994, ps. 9/15, et.al), anticipando la aparicion de su libro Contactos (Abduction) en el mercado local.

Por otra parte, no es la primera vez que en la provincia de La Pampa ocurren episodios de este genero. En abril de 1980, el vecino de Santa Rosa, Fermin Nelson Sayago, que por entonces tenia 32 años, vivio una rara experiencia cuando transitaba con su automovil por una avenida y se le detuvo el motor. Al descender, advirtio a dos humanoides y, antes de poder ingresar al vehiculo, uno de los seres le oprimio la cabeza y se desmayo, despertandose media hora despues, a diez cuadras de su automovil. Un hecho todavia mas espectacular se produjo el 9 de agosto de 1983, cuando un comerciante de la localidad de Winifreda, Julio Platner, de 33 años, dice haber sido enceguecido por una potente luz y despertado dentro de una nave, en una suerte de quirofano muy iluminado, frente a cuatro seres, que le transmitieron mentalmente que no se asustara. Ubicado en un sillon o camilla, le extrajeron sangre de la muñeca y del codo del brazo derecho. Luego aparecio en un camino vecinal que conduce a la Villa Marisol. Tambien, el 29 de mayo de 1986 un joven de Santa Rosa afirmo haber sido visitado por dos seres en su casa, que parecian formar una pareja y eran de gran estatura.

El caso de Caleufu viene a cerrar, por un momento, el periplo de los informes sobre las visitas alienigenas en las regiones pampeanas. No obstante, la respuesta al interrogante inicial parece hallarse -como hemos ido discurriendo- en la psique humana, antes que en el espacio cosmico.-

Dr. Roberto Banchs

Referencias periodisticas sobre el caso:

La Arena, Santa Rosa, 20 agosto 1994; Cronica (vesp.), Buenos Aires, El Litoral, Santa Fe, El Territorio, Posadas, 21 agosto 1994; La Prensa, Buenos Aires, La Razon, Buenos Aires, Los Andes, Mendoza, 23 agosto 1994; y Cronica, Comodoro Rivadavia, 24 agosto 1994.

Bibliografia consultada:

Mack, John E. Contactos, Edit. Atlantida, Buenos Aires, 1995.

Page, James D. Manual de Psicopatologia, Edic. Paidos Iberica, Barcelona, 1982, Cap. XIII, ps. 321/337.

Vallee, Jacques. Pasaporte a Magonia, Plaza & Janes, Esplugas de Llobregat, 1972, p. 123

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