CNEL PRINGLES, BUENOS AIRES: UN DISCO CON EXTRAÑAS FIGURAS (04 DIC 1954)


La noticia se inserta a finales de un año prodigo en informes sobre extrañas apariciones de “platos voladores” y, en particular, de sus aterrizajes con ocupantes en territorio europeo. Precedido ademas del anuncio de una escalada de observaciones a nivel mundial.

Efectivamente, el 5 de diciembre de 1954 el diario La Razon, de Buenos Aires, informa con notables desaciertos que: “el señor Enrique Aguirre Zabala, empleado de comercio en esta, y que se encuentra pasando sus vacaciones en la chacra que un hermano suyo tiene en las afueras de Coronel Pringles (Pcia. de Buenos Aires), al salir ayer, a las 6, a realizar unas compras, observo en el espacio un disco luminoso que a medida que se le acercaba, parecia cambiar de forma, hasta adquirir la de un ‘cigarro’. Cuando el extraño objeto se detuvo a unos 80 metros de Aguirre, este intento acercarse, pero se lo impidio la fuerza de las irradiaciones que despedia y que lo enceguecieron. Empero, refiere que, ‘usando las manos como pantalla, segui avanzando hasta que pudo ver perfectamente que el raro aparato se mantenia a medio metro del suelo y, que en medio del disco, se movia una figura extraña’. Parecia, añadio Aguirre, un enano de cabeza enorme. Poco despues se produjo un resplandor vivisimo y el disco, elevandose rapidamente, desaparecio en direccion norte”.

LA INVESTIGACION

Coronel Pringles es una localidad situada al sudeste de la provincia de Buenos Aires (ver foto 1), de suelo llano en su mayor parte, con pequeñas sierras del grupo Ventania. Su clima templado, pampeano y subhumedo la constituyen en una region agricola.

Una rapida consulta en el Correo y la Municipalidad nos llevo hasta la despensa o almacen “Los Corrales”, al noreste y lindante con la planta urbana, proxima al cementerio. Alli localizamos a Americo Rodolfo Aguirrezabala, quien se reconocio como unico testigo del caso en cuestion. Era evidente, pues, que la noticia periodistica adolecia de exactitudes, motivo por el cual procuramos que nos hiciera una detallada descripcion de aquel suceso, empero, teniendo en cuenta que muchos aspectos habrian pasado al olvido y que jamas dicho evento hubo sido investigado en tantos años.

Americo R. Aguirrezabala tenia por entonces 32 años. La mañana del 4 de diciembre de 1954, entre las 6 y las 7 horas, se dirige desde el almacen Los Corrales (situada en la actual ruta 51, Km 29) (ver foto 2) donde vivia con su hermano Pedro hasta la chacra de su otro hermano, Asencio, distante a 1.000 metros al noreste sobre la misma ruta, que por aquella epoca era -segun se describe- un boulevard de tierra. Apeandose solo en una mañana agradable, advierte a unos 200 metros y por delante de un monte de arboles (ver foto 3), una aeroforma “redonda”, de coloracion rojizo-palida, de unos 20 a 30 metros de diametro, suspendida a una altura estimada de 15 metros del suelo. Era completamente silenciosa y transparente (ver croquis, 4, 5). “¡Por fin se me hizo!” exclamo Americo Aguirrezabala, superada las primeras cavilaciones y contento de ver un plato volador, de los que tanto se hablaban. Brillaba tenuemente, aunque “como estaba el Sol de ese lado -ubicado al frente y por encima de este-, un poquito si molestaba”, dice el testigo, quien continua su andar hacia la chacra y aproximacion hacia el fenomeno, que se mantenia suspendido en el aire, pero cuya transparencia le permitia advertir un movimiento en lo que parece su interior, como unas siluetas humanas que caminaban de un lado a otro. Se trataba de tres figuras, dos de las cuales estaban en constante movimiento, pero ningun otro detalle pudo observar. “Cuando estaba cerca los vi, me acerque y vi gente; entonces me dije: ‘¿que sera esto?, caramba’. Porque siempre digo que tengo entusiasmo por esto, pero no, no… en ese momento se me aparece”, nos relata Americo Aguirrezabala

Sin embargo, la percepcion de los “ocupantes” fue apenas unos segundos y a 70 metros de distancia, ante la actitud indiferente de los mismos frente al azorado observador. Fue en ese instante en que el fenomeno repentinamente desaparecio, dando la impresion de elevarse “por encima de las plantas, hacia la derecha, disparo hacia el sud-sudoeste…; el Sol ya estaba levantandose”. La desaparicion del fenomeno fue instantanea, casi imperceptible. “Desaparecio, desaparecio, ¡como por arte de magia!”, expresa ante nuestro grabador (ver foto 6, 7).

La duracion total de la observacion fue de unos minutos, estimados en base a los 130 metros aproximados que recorrio el testigo. Americo Aguirrezabala nos cuenta que le ocurrio en ese momento: “Me pare ahi, mire… pensativo, pensando que sera, que no sera. Pense lo que siempre habia leido de los platos voladores, y que este es uno de ellos. Y me pregunte: ¿para que vendran, si no quieren hablar con uno? Eso fue y siempre digo lo mismo. Mi vida no cambio despues de esto; no, para nada, siempre igual. Tampoco me afecto fisicamente, ni tuve experiencias similares luego de aquella vez, pero mi mujer si, cuando vio unos enanos verdes con sombrero del mismo color, una madrugada, en el maizal de nuestra casa”, agrega entusiasmado Aguirrezabala.

Continuando con su narracion, expresa que se detuvo a ver si habia quedado rastros de tan inusitada presencia: “Ahi no quedo calcinado, ni nada; mire las plantas y estaba todo normal”. Tampoco se produjo alguna alteracion en el ambiente. unicamente la aparicion fenomeno descrito. “Entonces voy para la chacra -relata- y lo comento a mi hermano; y el que estaba cerquita, para alla atras y proximo al monte, no vio nada. Tampoco mi otro hermano, Pedro, que estaba en el almacen. Despues fue el comentario del pueblo, pero aca, en el almacen. Unos decian: ‘vos sos un charlatan, che, que vas a ver platos’. Bueno, yo no se si sera plato eso, pero la cosa estaba ahi, suspendida, y nada mas… y en cuanto a lo que habia ahi, yo solo vi las siluetas que caminaban, nada mas, pero ojos, orejas, de eso nada. No le puedo decir otra cosa, no. Y despues paso, paso y lo eche al olvido”.

Su exposicion concluye en un intento de esclarecer la version periodistica: “Fue el furor de ese momento. Eso produjo que lo diera a conocer el diario; noticia que yo habia leido en aquel momento, porque siempre compre La Razon. Pero lo que no se es quien fue el que la dijo, aunque, bueno… habra salido de las conversaciones que se daban en mi almacen…”

CONSIDERACIONES SOBRE EL CASO

En este episodio ocurrido el sabado 4 de diciembre de 1954 nos encontramos frente a un testigo que hace un esfuerzo evidente por rememorar aquella singular observacion transcurrido un largo periodo, sin que hayan existido circunstancias que actualicen su recuerdo. Sin embargo, la tenacidad de la memoria se ha visto reforzada por el interes y los sentimientos puestos en juego ante la vision de un hecho inaudito como el descrito por Americo Aguirrezabala.

Teniendo en cuenta estos factores, hemos procedido a recoger el testimonio en sus aspectos mas esenciales -y estables en el transcurrir del tiempo-, y ensayar una suerte de explicacion en la medida que los datos proporcionados lo permitan.

Al respecto, debese señalar la temprana hora del dia en que es observado el fenomeno: entre las 6 y las 7 horas de acuerdo a Aguirrezabala, y “a las 6” de la mañana segun la noticia periodistica. Para esa fecha el Sol salio cerca de las 5,40; precisamente, en la misma direccion en que fue avistado el supuesto ovni.

No escapa tampoco a nuestra consideracion que dicho portento presenta una imagen semejante a la del astro solar, esto es, circular, un tamaño angular casi equivalente, y una coloracion frecuente en el crepusculo.

En cambio, las diferencias advertidas son: su aspecto transparente (¿inconsistente?), brillo tenue, movimientos en su superficie, y subita desaparicion.

Si intentamos conciliar ambas caracteristicas, debemos referirnos a ciertos fenomenos opticos conocidos como parhelias, mediante los cuales podremos comprender las causas de su aparicion. Estudiando estos fenomenos, los cientificos hace tiempo notaron que aparecen cuando el Sol (o la Luna) estan cubiertos con un brillante velo blanco, una capa de altos cirros estratiformes. Estas nubes flotan a una altura de seis u ocho kilometros y estan compuestas por pequeñisimos cristalitos de hielo; elevandose y bajandose por las corrientes de aire, reflejan como un espejo o refractan como un prisma de vidrio los rayos solares que caen en ellos. A veces sucede que el cielo parece estar completamente despejado, pero en lo alto de la atmosfera flotan muchos cristalitos de hielo por separado sin formar una nube. Asi ocurre con frecuencia cuando el tiempo es sereno y helado en esa altitud.

Por lo general, la replica o “falso-Sol” surge cuando el Sol no esta muy alto sobre el horizonte, habiendo un gran halo que no se vislumbra. Los falsos soles suelen desaparecer inesperadamente, o en forma tan repentina de acuerdo al movimiento del astro sobre el horizonte, de las corrientes de aire y de los mismos cristalitos hexaedros de hielo (que aparentan, segun su forma puntillas) flotando en posicion vertical. Los falsos-soles no constituyen un fenomeno raro en ciertas regiones del globo, y frecuentemente ellos son tan brillantes como el mismo Sol (1).

En la Provincia de Buenos Aires (donde ocurrio el hecho aqui tratado) el periodismo ha consignado varios presuntos fenomenos de parhelia. Por aquella epoca, el 25 de abril de 1949 en Bernal (2) y el 28 de febrero de 1950 en Mar del Plata (3), para citar un par de casos. Mas recientemente, en febrero de 1987 en menos de veinte dias, se habrian registrado unos ocho casos en San Nicolas, y de manera similar en Monte Hermoso y Pigüe (4).

En cuanto a las siluetas moviendose en su superficie, vistas en forma difusa, durante breves segundos, juzgamos probable que el testigo -influenciado por la ola de observaciones mundiales- y ante la conviccion de que estaba frente a un “autentico” plato volador, no dudo en atribuir algun movimiento en la imagen optica a la presencia de ignotos seres.

REFERENCIAS

(1) Mezentsev, Vladimir, Los enigmas del cielo y de la tierra, Ediciones Suramerica, Bogota, junio 1971, Pags. 40, 41 y 46.

(2) La Razon, Buenos Aires, 10 de marzo de 1950.

(3) Ibid…, 1 de marzo de 1950.

(4) La Opinion Austral, Rio Gallegos (SC); y Cronica, Buenos Aires, 19 de febrero de 1987.

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